Miércoles, 08 de Febrero de 2012
Fecha última actualización 01/02/2012


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Neurología - Parkinson
¿Puede curarse?
La enfermedad de Parkinson puede ser controlada y tratada eficazmente en la actualidad. Los medicamentos que se conocen hasta el momento, permiten aliviar la mayor parte de los síntomas aunque no eliminen la causa.
Existen varios grupos de medicamentos útiles en el tratamiento de esta enfermedad. Los anticolinérgicos alivian el temblor y la rigidez y reducen el exceso de producción de saliva, siendo menor su efecto sobre la lentitud de los movimientos. Los efectos secundarios más frecuentes en este tipo de medicación son: sequedad de boca, estreñimiento, visión borrosa y trastornos de memoria. Otra sustancia con efecto antiparkinsoniano es la amantadina que en un principio se utilizó como antivírico, descubriéndose casualmente su acción sobre la enfermedad de Parkinson.
La utilización de la levodopa significó un gran avance en el tratamiento de la enfermedad. El descubrimiento de esta sustancia, precursora de la dopamina, cuya acción es sustituir el déficit de ésta, mejoró en gran manera la calidad de vida de los pacientes afectados. La levodopa mejora todos los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, es menos eficaz en el control del temblor y de las alteraciones de la postura. Con el tiempo, algunos pacientes tratados con este medicamento, experimentan una regresión en la mejoría inicial obtenida y aparecen una serie de efectos secundarios que modifican negativamente la importante respuesta del comienzo del tratamiento. Por un lado, los fenómenos "on-off" o fluctuaciones del estado del enfermo durante el día, que oscila entre ratos sin síntomas (fases "on" o fases de conexión a la levodopa) y otros en que reaparecen el temblor, la dificultad para caminar y la lentitud (fases "off" o fases de desconexión a la levodopa). Por otro lado, aparecen las discinesias o movimientos involuntarios anormales en relación con la toma de la medicación.
Estas limitaciones características del tratamiento a largo plazo con levodopa, motivaron la búsqueda de nuevas posibilidades, entre ellas los agonistas dopaminérgicos, de los cuales el más conocido y utilizado es la bromocriptina (Parlodel) que utilizada conjuntamente con levodopa, permite reducir la gravedad de los efectos secundarios de ésta, y complementa su efecto.
La bromocriptina también es útil como tratamiento inicial, junto a levodopa, a dosis bajas, con el fin de retrasar y atenuar las complicaciones de la levodopa a largo plazo,. Sus efectos secundarios iniciales consisten en náuseas, estreñimiento y en ocasiones hipotensión arterial.
Se está recomendando también el uso de selegilina, en base a su posible efecto para retrasar la evolución de la enfermedad.
Tanto la levodopa como los agonistas dopaminérgicos y la selegilina pueden causar complicaciones mentales, ante las que debe considerarse un ajuste de la dosis.
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